Realicé un cuento en base al anterior, cambiando el género y agregando elementos de otro sueño.
Juan Pablo
Malerba
Comisión 5
Docente: Santiago
Castellano
El
Tren Maldito
Enojado conmigo mismo subí al tren, no
me gustaba para nada, menos de noche, pero es totalmente culpa mía por no
llevar a arreglar mi auto. Era una noche fría, con algo de neblina, debía llegar
a tiempo para mi torneo de tenis, una gran oportunidad para lanzar mi carrera
profesional.
Me sorprendí gratamente al ver el vagón totalmente
vacío, podía sentarme tranquilamente sin preocuparme por nada, estuve tranquilo
un rato hasta que se abrió la puerta del vagón, giré la cabeza para ver; se
trataba de una persona con un sobretodo negro encapuchado, la capucha hacía
tanta sombra que no se veía su rostro. Me llamó profundamente la atención y me
extrañó que no se detuvo en ningún asiento, siguió caminando por el pasillo y avanzó
al siguiente vagón, rarísimo.
Pasó un rato más, se abrió nuevamente la
puerta, y un fuerte escalofrío recorrió mi cuerpo, la misma persona, con el
mismo sobretodo encapuchado, volvió a pasar por el vagón, por la misma puerta
por la que había entrado antes, era imposible. Un detalle nuevo agudizó mi nerviosismo:
la sombra de la capucha ya no tapaba todo su rostro, ahora se alcanzaba a notar
la nariz de la persona, blanca y puntiaguda, casi inhumana. Mi incertidumbre se
transformó en temor, comencé a temblar, a hiperventilarme, un frío cosquilleo
se trasladaba por mi nuca y espalda, tenía miedo, que estaba seguro que iba a
transformarse en pánico si la persona volvía a pasar, peor aún especulando con
el resto de su rostro.
Apenas abandonó nuevamente el vagón por
la puerta de enfrente me puse de pie de un salto, no sabía que hacer, no podía
ir por la puerta de enfrente, acababa de salir por ahí, me lo volvería a encontrar.
Sin pensarlo mucho corrí a la puerta de atrás, donde solo pude confirmar que el
sujeto se dirigía nuevamente al vagón, desde el anterior; me inundó el terror
al poder distinguir su rostro, esquelético, completamente blanco, ojos negros y
vacíos y la boca, lo peor era la boca, larga alcanzando la altura de la
mejilla, visibilizando una fila de dientes puntiagudos. El vagón comenzó a llenarse
de niebla, parecía una pesadilla, no aguantaba más, la desesperación me llevó
al extremo, tomé carrera y salté del tren, haciendo añicos la ventana; caí
sorprendentemente ileso, y consternado por estar muy cerca de mi destino. Sin
hacerme muchas preguntas, caminé y entré al predio donde se realizaba el
torneo.
Ese torneo lo gané, fue el inicio de mi
carrera, y no tengo memoria del mismo. Aún hoy en día, con el éxito que tuve,
no puedo recordar prácticamente nada del campeonato que me hizo despegar, que
solucionó mi vida y la de mi familia. Todo por culpa de ese tren, ese maldito tren,
que me atormenta en mis peores pesadillas; yo mismo voy a usar mi poder
económico para destruir ese recorrido, nadie debe vivir lo que yo viví, no
pienso permitirlo, aunque sea lo último que haga.
Juan Pablo Malerba

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