Blog de Juan Pablo Malerba

26 abr 2022

Cuento Modificado

 Realicé un cuento en base al anterior, cambiando el género y agregando elementos de otro sueño.

Juan Pablo Malerba

Comisión 5

Docente: Santiago Castellano

 

El Tren Maldito

 

       Enojado conmigo mismo subí al tren, no me gustaba para nada, menos de noche, pero es totalmente culpa mía por no llevar a arreglar mi auto. Era una noche fría, con algo de neblina, debía llegar a tiempo para mi torneo de tenis, una gran oportunidad para lanzar mi carrera profesional.

       Me sorprendí gratamente al ver el vagón totalmente vacío, podía sentarme tranquilamente sin preocuparme por nada, estuve tranquilo un rato hasta que se abrió la puerta del vagón, giré la cabeza para ver; se trataba de una persona con un sobretodo negro encapuchado, la capucha hacía tanta sombra que no se veía su rostro. Me llamó profundamente la atención y me extrañó que no se detuvo en ningún asiento, siguió caminando por el pasillo y avanzó al siguiente vagón, rarísimo.

       Pasó un rato más, se abrió nuevamente la puerta, y un fuerte escalofrío recorrió mi cuerpo, la misma persona, con el mismo sobretodo encapuchado, volvió a pasar por el vagón, por la misma puerta por la que había entrado antes, era imposible. Un detalle nuevo agudizó mi nerviosismo: la sombra de la capucha ya no tapaba todo su rostro, ahora se alcanzaba a notar la nariz de la persona, blanca y puntiaguda, casi inhumana. Mi incertidumbre se transformó en temor, comencé a temblar, a hiperventilarme, un frío cosquilleo se trasladaba por mi nuca y espalda, tenía miedo, que estaba seguro que iba a transformarse en pánico si la persona volvía a pasar, peor aún especulando con el resto de su rostro.

       Apenas abandonó nuevamente el vagón por la puerta de enfrente me puse de pie de un salto, no sabía que hacer, no podía ir por la puerta de enfrente, acababa de salir por ahí, me lo volvería a encontrar. Sin pensarlo mucho corrí a la puerta de atrás, donde solo pude confirmar que el sujeto se dirigía nuevamente al vagón, desde el anterior; me inundó el terror al poder distinguir su rostro, esquelético, completamente blanco, ojos negros y vacíos y la boca, lo peor era la boca, larga alcanzando la altura de la mejilla, visibilizando una fila de dientes puntiagudos. El vagón comenzó a llenarse de niebla, parecía una pesadilla, no aguantaba más, la desesperación me llevó al extremo, tomé carrera y salté del tren, haciendo añicos la ventana; caí sorprendentemente ileso, y consternado por estar muy cerca de mi destino. Sin hacerme muchas preguntas, caminé y entré al predio donde se realizaba el torneo.

       Ese torneo lo gané, fue el inicio de mi carrera, y no tengo memoria del mismo. Aún hoy en día, con el éxito que tuve, no puedo recordar prácticamente nada del campeonato que me hizo despegar, que solucionó mi vida y la de mi familia. Todo por culpa de ese tren, ese maldito tren, que me atormenta en mis peores pesadillas; yo mismo voy a usar mi poder económico para destruir ese recorrido, nadie debe vivir lo que yo viví, no pienso permitirlo, aunque sea lo último que haga.

                                                                                                           


                                                                                                  Juan Pablo Malerba

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