Blog de Juan Pablo Malerba

19 abr 2022

Microcuento

Juan Pablo Malerba

Docente: Santiago Castellano

Comisión 5

Microcuento

El Vagón Reiterado


      Estaba llegando tarde, como siempre. El tren hacia mi trabajo estaba por irse y yo recién ingresaba en la estación. Hice mi mayor esfuerzo y con lo justo entré al vagón por una puerta del borde, estaba agotado y me urgía encontrar un asiento, no pensaba ir de pie todo el viaje; alcancé a ver por la ventana una torre por la que siempre pasaba el tren, ya la incorporé como referencia.

       Mientras avanzaba por el vagón hice mi habitual paneo de los pasajeros, me quedé con un señor con galera leyendo un diario, una mujer con su bebé dormido en brazos, y un anciano con el bastón sobre su regazo, nada fuera de lo común. De repente me detuvo una voz que llamó mi atención:

       - ¿Cómo estás? ¿Querés sentarte?

       Se trataba de un hombre muy bajo, barba castaña y tupida y completamente calvo, se encontraba sentado junto a un espacio libre, con la cabeza agradecí el gesto y me senté a su lado, soy un hombre de pocas palabras y realmente no tenía ganas de hablar. El señor volvió a girar su cuello hacia mí y con toda la confianza y complicidad del mundo me dijo:

       - Yo tengo que ir hasta la terminal, así que ningún apuro.

       Al terminar de decir eso soltó una risita que me estremeció por dentro, pero lo ignoré y me quedé pensando en mis cosas. Pero había algo raro, no sabría describir qué, ni siquiera se si puede explicarse, pero sentía una incomodidad muy intensa que me causaba escalofríos; al final no aguanté mas y me dispuse a ir al siguiente vagón. Me levanté, caminé unos pasos y abrí la puerta, tomando una gran bocanada de aire, sentí mucho alivio.

       Caminé unos centímetros y aquí me confundí mucho, miré por la ventana y pude ver la torre; ¿acaso no habíamos pasado por acá? Caminé un poco más y lo siguiente revolvió todo mi estómago:

       - ¿Cómo estás? ¿Querés sentarte?

       Sí, el mismo hombre, con la misma altura, barba y calva, me hizo exactamente la misma pregunta que en el anterior vagón, esta vez ni atiné a responderle, mucho menos a sentarme. Con una enorme consternación decidí mirar a mi alrededor, cosa que no había hecho antes por los nervios; parecía una pesadilla, el mismo señor con galera, la misma señora con el bebé, el mismo anciano con el bastón, todo exactamente igual que hace un rato, solo que en otro vagón

       Tal era mi ansiedad que corrí inmediatamente al siguiente vagón, para encontrarme con la misma escena, otra vez la torre, otra vez todos los mismos personajes, estaba fuera de mí, totalmente exasperado, la situación me superaba. Tal era mi desesperación que antes de que el pequeño hombre me vuelva a hacer la pregunta tomé carrera y me arrojé por la ventana sin pensarlo, destrozando los cristales; caí con algo de dolor, pero sorprendentemente ileso, cerca de otra estación de tren.

       Pero ya había tenido suficiente, salí de la zona de trenes y me dispuse a tomar un colectivo, esperé en la parada intentando calmarme y también tratando de comprender qué había sucedido, no sabía que pensar. Me subí al colectivo ya más tranquilo, pagué, y cuando me dirigía hacia un asiento un hombre me dijo:

       - ¿Cómo estás? ¿Querés sentarte?

       No… Otra vez no…

                                                                                                   

                                                                                                       Juan Pablo Malerba

 

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