Juan Pablo Malerba
Docente: Santiago
Castellano
Comisión 5
Microcuento
El Vagón Reiterado
Estaba llegando tarde, como siempre. El tren hacia mi trabajo estaba por irse y yo recién ingresaba en la estación. Hice mi mayor esfuerzo y con lo justo entré al vagón por una puerta del borde, estaba agotado y me urgía encontrar un asiento, no pensaba ir de pie todo el viaje; alcancé a ver por la ventana una torre por la que siempre pasaba el tren, ya la incorporé como referencia.
Mientras avanzaba por el vagón hice mi habitual paneo de los pasajeros, me quedé con un señor con galera leyendo un diario, una mujer con su bebé dormido en brazos, y un anciano con el bastón sobre su regazo, nada fuera de lo común. De repente me detuvo una voz que llamó mi atención:
- ¿Cómo estás?
¿Querés sentarte?
Se trataba de
un hombre muy bajo, barba castaña y tupida y completamente calvo, se encontraba
sentado junto a un espacio libre, con la cabeza agradecí el gesto y me senté a
su lado, soy un hombre de pocas palabras y realmente no tenía ganas de hablar.
El señor volvió a girar su cuello hacia mí y con toda la confianza y complicidad
del mundo me dijo:
- Yo tengo que ir hasta la terminal, así
que ningún apuro.
Al terminar de
decir eso soltó una risita que me estremeció por dentro, pero lo ignoré y me
quedé pensando en mis cosas. Pero había algo raro, no sabría describir qué, ni
siquiera se si puede explicarse, pero sentía una incomodidad muy intensa que me
causaba escalofríos; al final no aguanté mas y me dispuse a ir al siguiente
vagón. Me levanté, caminé unos pasos y abrí la puerta, tomando una gran
bocanada de aire, sentí mucho alivio.
Caminé unos
centímetros y aquí me confundí mucho, miré por la ventana y pude ver la torre;
¿acaso no habíamos pasado por acá? Caminé un poco más y lo siguiente revolvió
todo mi estómago:
- ¿Cómo estás?
¿Querés sentarte?
Sí, el mismo
hombre, con la misma altura, barba y calva, me hizo exactamente la misma
pregunta que en el anterior vagón, esta vez ni atiné a responderle, mucho menos
a sentarme. Con una enorme consternación decidí mirar a mi alrededor, cosa que
no había hecho antes por los nervios; parecía una pesadilla, el mismo señor con
galera, la misma señora con el bebé, el mismo anciano con el bastón, todo
exactamente igual que hace un rato, solo que en otro vagón
Tal era mi ansiedad
que corrí inmediatamente al siguiente vagón, para encontrarme con la misma
escena, otra vez la torre, otra vez todos los mismos personajes, estaba fuera
de mí, totalmente exasperado, la situación me superaba. Tal era mi desesperación
que antes de que el pequeño hombre me vuelva a hacer la pregunta tomé carrera y
me arrojé por la ventana sin pensarlo, destrozando los cristales; caí con algo de dolor, pero
sorprendentemente ileso, cerca de otra estación de tren.
Pero ya había
tenido suficiente, salí de la zona de trenes y me dispuse a tomar un colectivo,
esperé en la parada intentando calmarme y también tratando de comprender qué
había sucedido, no sabía que pensar. Me subí al colectivo ya más tranquilo,
pagué, y cuando me dirigía hacia un asiento un hombre me dijo:
- ¿Cómo estás?
¿Querés sentarte?
No… Otra vez
no…
Juan Pablo Malerba

No hay comentarios:
Publicar un comentario