Juan Pablo Malerba
Comisión 5
Docente: Santiago Castellano
Cuento estilo Hemingway
Reunión Urgente
Javier entra con prisa a un edificio de oficinas.
- Hola, se me citó para una reunión con urgencia en este edificio- dijo con mucho apuro.
- Ah, la reunión. Último piso, sala de conferencias 70 -le respondió la recepcionista.
Asintió y se dirigió hacia allí. Abrió la puerta y se encontró una habitación blanca sin ventanas, con una mesa larguísima, y un hombre sentado en una punta.
- ¡Al fin llegó alguien!- exclamó al ver a Javier- ¡Llevo media hora esperando!
- ¿Nadie ha llegado aún? -preguntó Javier- Me dijeron que era urgente.
Javier toma asiento.
- Increíble -suspiró- Uno se apura para que no llegue nadie.
- ¡Así son! -respondió el otro- Me llamo Gastón, por cierto.
- Yo Javier, qué habitación rara ¿No?
- Jamás ví una sala de conferencias totalmente blanca, ¡No le veo un uso práctico! -dijo mientras se hamacaba en su silla.
- Calmate -intentó tranquilizar Javier- ¿A vos quién te convocó?
- La verdad no sabría decirte, hoy me llegó un mail con el asunto “Reunión urgente” de una dirección confusa, vine a comprobar y la recepcionista me guió a aquí.
- Me pasó algo curiosamente parecido- observó Javier muy confundido- solo que no fue un mail, fue un llamado, no llegó a decir quién hablaba porque decía ser urgente, parecía verídico así que vine.
- Esto ya es muy raro -dijo Gastón mientras se levantaba- mejor nos vamos.
Javier suspiró y se puso de pie para ir detrás de Gastón en dirección a la puerta.
- ¡Está cerrada! -gritó Gastón- ¡Estamos encerrados!
- ¿Cómo? -dijo Javier ya más preocupado, mientras agitaba la puerta.
Una hoja de papel se desprendió de la parte superior del marco de la puerta.
- ¿Qué es esto? -preguntó Gastón en voz alta mientras tomaba el papel- Tiene algo escrito.
- ¿Y qué dice? -Javier ya no entendía nada.
- “Ustedes se conocen, por favor, siéntense a charlar” ¿Qué es esta mierda? ¡Yo jamás te vi en mi vida!
- Yo a vos menos -replicó Javier, y fue a sentarse.
Gastón fue también a su asiento, en el instante que ambos se encontraron sentados se desprendió una nueva hoja desde arriba, que cayó en el centro de la mesa, boca arriba.
Ambos se pusieron de pie para leerla sin acercarse al centro.
- “Azurduy 4375” -leyó en voz alta esta vez Javier- No puede ser…
- ¡¡Es la dirección de mi ex!! -vociferó Gastón dando un golpe en la mesa.
- Es la dirección de MI ex también -dijo Javier consternado.
- ¿¡Vos sos el hijo de puta por el que me dejó?! -Gastón ya estaba fuera de sí.
- ¿¡Vos sos el maldito abusador de su ex?! -replicó Javier con violencia.
- ¡A vos tuve que haberte reventado a golpes en vez de a ella! -respondió Gastón dando un nuevo golpe a la mesa.
Tras el golpe una nueva hoja cayó. Decía en un tono rojizo y letra muy gruesa: “Debajo de la mesa”.
A la vez, Javier y Gastón se agacharon a ver qué había, para encontrarse con dos pistolas, pegadas con cinta debajo de la mesa, una en cada extremo de ella.
Ambos desenfundaron a la vez y se apuntaron entre sí.
- ¡Sos una escoria! ¡Te mereces pudrirte en la cárcel! -dijo Javier casi sollozando mientras apuntaba a Gastón, recordando todo el sufrimiento que ayudó a atravesar a su ex pareja.
- Si no fuera por vos nunca hubiera dejado de ser mía -el tono de Gastón ya se asemejaba a un psicópata- nos íbamos a casar y ser felices, aunque ella no quisiera.
- ¡Dame una razón para no apretar el gatillo y matarte ahora!
- No podrías Javi, sos débil, si no tenés las agallas de levantarle la mano a una mujer, menos vas a tenerlas para matar a un hombre -explicó Gastón sonriendo pícaramente-. Pero yo sí.
Gastón jaló el gatillo, pero sólo se pudo escuchar el ruido del tambor vacío del arma, a la vez que un numeroso escuadrón de policías derribaron la puerta y rodearon a los dos protagonistas de la escena.
Esposaron a Gastón y detuvieron sin retenciones físicas a Javier.
- Gastón González -comenzó a enunciar el oficial-, queda bajo arresto por abuso y violencia de género contra su exnovia, tiene derecho a guardar silencio.
- ¿Y yo qué? - preguntó Javier al uniformado
- Usted vendrá conmigo, va a declarar y luego podrá irse si coopera.
Mientras todos salían del edificio, entre todos los medios y los efectivos oficiales, Javier llega a divisar un rostro familiar, se trataba de su ex suegro, con el que siempre tuvo una buena relación, tenía una sonrisa de satisfacción y lo miraba fijo. Fue cuando Javier recordó una conversación que tuvieron, que le aclaró un poco las cosas.
- Si algún día localizo al sorete que lastimó a mi hija, lo voy a hacer pagar por lo que le hizo -le dijo su entonces suegro-, te lo juro querido.
Javier le hizo un gesto con la cabeza y se subió al patrullero, comprensivo y aliviado, de que haya conseguido cumplir su promesa.
Juan Pablo Malerba

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