Juan Pablo Malerba
Comisión 5
Docente: Santiago Castellano
Descripción de la foto y Cuento
Descripción Foto
Se
puede observar la bandera de los Estados Unidos de América, posicionada de
manera anormalmente vertical, en la parte superior de la foto. Una de las
líneas rojas de la bandera se extiende hacia abajo, culminando en un nudo en
forma de horca, es difícil disociar qué es lo que se ve en el medio del mismo.
Interpretando
abstractamente, puedo suponer que referencia a la crueldad estadounidense en
distintos escenarios (contra los inmigrantes, los latinos, la gente negra,
etc).
Atrapado en “América”
-
¿Estás seguro? -me dijo la empleada del aeropuerto, entre confundida e
incrédula.
-
Totalmente -afirmé con total seguridad- Quiero un pasaje a Estados Unidos, el
que sea, y no me diga el destino.
-
Está bien... -replicó levantando las cejas con escepticismo- Aquí tiene.
Puede
parecer una locura para muchos, pero qué puedo decir, soy un aventurero; mi
diversión se basa en sumergirme en el desconocimiento total, para así poner a
prueba todas mis capacidades. Casi siempre tomo autobuses aleatorios y me las
arreglo donde sea que me lleven.
He
estado en muchas provincias de Argentina y Uruguay, no puedo decirles bien en
cuáles porque, como ya les dije, ni yo sé a dónde voy; en cada lugar en el que
estuve apliqué la misma regla: “Hacer lo posible por no saber dónde estoy”. No
miro el nombre de las calles, ni de las autopistas, apenas presto atención a
cómo se llaman los comercios que visito. Conseguí que mi vida sea una emoción
constante, nada repetitiva, nada monótona; ser dueño y líder de mi camino, esa
es mi filosofía. Lo de no querer saber dónde estoy es simplemente una elección
propia, el único lugar que conozco con certeza es mi casa, después, se podría
decir que voy a la deriva.
-
Vuelo 17, vuelo 17 -escuché en el altavoz del aeropuerto-, destino a…
Me
puse mis auriculares, fiel a mi idea, no quería saber dónde me dirigía.
Estaba
súper emocionado, decidí llevar mis aventuras a otro nivel, elegí Estados
Unidos, pero es tan grande el país que podría aparecer en cualquier parte. ¿Acaso
podía haber algo mejor?
Tampoco
crean que soy un suicida, había conseguido un contacto en el país, gracias a un
amigo que hice en una de mis travesías. Sabía que este se encontraba en Washington,
así que, en caso de emergencia, tenía a quién recurrir.
-
¿Y cuál es el motivo de su viaje? -me preguntó el señor que se sentaba junto a
mí en el avión.
-
Realmente no estoy seguro -le respondí honestamente-, supongo que podré vivir
en carne propia como tratan a los inmigrantes ilegales.
-
Es usted muy gracioso -dijo entre carcajadas, evidentemente no creyó que
hablaba en serio.
No
me importó, yo estaba plenamente concentrado en mi plan, llevaba aproximadamente
500 dólares conmigo, suficiente para comer un buen tiempo, pero no tanto para
conseguir alojamiento, ese iba a ser mi primer desafío. Descendí del avión con
los auriculares puestos y la cabeza gacha, evitando así leer cualquier cartel
que me revelara el lugar en el que desembarqué. Detuve el primer taxi que vi y le
dije al conductor que me llevara a 3 kilómetros de distancia en cualquier
dirección (en inglés, obviamente); me cobró y me dejó en una extraña zona,
parecía ser urbana, las calles eran casi todas de doble sentido, pero no tenían
prácticamente nada de circulación vial.
-
No me habrá dejado en un barrio pobre, ¿verdad? -pensé para mí mismo prejuiciosamente.
Caminé
unas cuadras, la zona más allá de ser poco concurrida era pintoresca, aunque se
veía algo humilde (pobre). Me crucé a un par de personas en el camino, parejas,
jóvenes, personas mayores, etc. Quería detenerme a hablar con alguien para
pedirle que me guíe a un supermercado, tenía cosas que comprar, pero no tenía
mucho entusiasmo por mantener una conversación en inglés.
En
un momento divisé a un muchacho que, esforzándome por no parecer racista, tenía
toda la pinta de ser latino; decidí preguntarle, a ver si me ayudaba.
-
Disculpame, ¿sabés dónde podría haber un lugar para comprar un par de víveres? -le
pregunté arriesgadamente en español
-
Sigue unas 3 calles por aquí y te toparás con un mercado pequeño -me respondió
con un acento notoriamente mexicano.
-
Genial -repliqué, aliviado de no haberme equivocado- Ya que estás, ¿conocés
algún hotel o algo similar para pasar la noche?
-
Ahh… tu eres de los míos, ¿no? -me preguntó en un tono muy amistoso.
-
Se podría decir que sí -respondí, sin terminar de entender bien a qué se
refería.
-
Déjame acompañarte a comprar y luego te muestro donde puedes alojarte. -me
ofreció- Soy Luis, por cierto.
Recuerdo
que estaba tan sorprendido por su amabilidad, que desconfié de él durante todo
el camino al mercado. Pero me llevé una grata sorpresa, no solo me acompañó y ayudó
a elegir las compras, si no que me contó mucho sobre él, sobre cómo se alejó de
su familia, y sobre la comunidad latina del barrio, el cual le insistí que no
me cuente como se llama.
-
Así que tú vas por aquí y por allá, ¿Nunca te da curiosidad saber dónde te
encuentras?
-
No, me es totalmente indiferente. -respondí con sinceridad, caminando con las
bolsas en la mano. Ya había oscurecido.
-
Vaya, es una vida realmente interesante. -dijo pensativo- Aunque yo prefiero
ser consciente de dónde estoy, soy una persona muy pasional y con mucho sentido
de pertenencia, aunque lo era más en mi patria.
-
¿Y por qué no intentás salir a recorrer el mundo? - le sugerí-, creo que te pega
bastante.
-
No lo sé, es mucho que pensar, no es el momento- sentenció- Si quieres puedo
contarte cuando…
Un
oficial de policía se nos interpuso en el camino, éramos los únicos tres en la
cuadra. Se quitó la gorra, inclinó la cabeza y nos preguntó (sorprendentemente
en español):
-
¿Qué hacen aquí tan tarde?
-
Venimos de hacer unas compras. -respondí con naturalidad.
Noté
que Luis estaba cabizbajo, como haciéndose el distraído.
-
¿Luis? ¿Qué te dije acerca de verte merodeando por la noche de nuevo?
-
Lo sé Jorge, lo sé -le respondió lamentándose-, pero juro que no hice nada malo
esta vez.
-
Ajá, ¿Y qué hay ahí? -preguntó mientras señalaba las bolsas que llevaba en mis
manos.
-
Solo un par de compras que hicimos con mi amigo, nada raro.
-
Siempre tienes una excusa, ¿cierto? -increpó mientras se llevaba la mano al cinturón.
-
Eu eu, esperá -intervine decididamente-, no hay por qué ponerse locos, son un
par de cosas de uso común, nada sospechoso oficial.
-
Además te has hecho un nuevo socio por lo que veo Luisito -el policía seguía
sin dirigirse a mí-, quiero ver el recibo de la compra, ¿cómo se que no se
robaron todo esto?
-
Vamos Jorge, no puedes ponerte así, los dos somos mexicanos -Luis ya estaba
suplicando- ten un poco de empatía.
-
Soy más que tú, soy un estadounidense de verdad, estoy nacionalizado, tú no
eres nada a mi lado.
-
No hay necesidad de esto -intervine ya molesto-, el recibo lo tengo yo justo ac…
Un
garrotazo interrumpió mi explicación. Me desperté con un terrible dolor de
cabeza, me noqueó de un golpe; miré a mi alrededor, estaba en una celda en un
recinto pequeño, frente a las rejas había un escritorio y, sobre éste, un
cartel que enunciaba: “Comisaría Salt Lake”.
Aún
en esta situación crítica, mi cerebro tuvo tiempo de frustrarse por enterarse dónde
me encontraba, realmente increíble. Miré a mi costado, estaba Luis, aún desmayado,
se notaba que lo habían golpeado también, pero mucho más que a mí, tenía heridas
en la cara, brazos y abdomen.
Apareció
el oficial Jorge y se acercó a la celda.
-
Que feliz me pone ver a los delincuentes recibiendo su merecido. -dijo entre
carcajadas.
-
No hicimos nada ¡No tenés pruebas de que hayamos hecho algo malo! -respondí
enfurecido.
-
Ser indocumentado ya es ser un delincuente, les quité todas sus pertenencias y,
obviamente, ninguna de ellas eran documentos.
-
No podés ser tan sorete, encima con un compatriota, no te puede dar la cara. -lo
acusé apretando los barrotes con toda mi fuerza.
-
Ese tipo no es estadounidense como yo, no nos parecemos en nada -aseguró
mientras se dirigía a la puerta-. Mi turno termina aquí, mañana los veo de nuevo,
tienen 72 horas de encierro por delante, que lo disfruten.
Cerró
de un portazo, inmediatamente me giré hacia Luis y lo desperté. Recuperó la conciencia,
pero se lo notaba muy dolorido, me partió el alma. Le indiqué que no hablara,
que descanse, justo cuando la puerta se abrió nuevamente e ingresó otro oficial;
saludó en inglés y se sentó en su escritorio. Resignado, suspiré y me dejé caer
contra la pared, cuando un papelito se desprendió de mi pantalón, lo tomé y se
me iluminaron los ojos, era el recibo de compra del mercado.
Corrí
hacia los barrotes y le dije al oficial:
-Escúcheme
por favor, nos encarcelaron injustamente, no cometimos ningún delito, déjenos
ir. ¡Tengo pruebas de nuestra inocencia! – le supliqué, ingenuamente en español.
Me
pidió que repitiera todo en inglés, y lo hice.
-
Show me - me dijo, al parecer abierto a escucharme.
Le
mostré el recibo y le señalé la bolsa con las compras, que había quedado a un
costado de la entrada, se puso a comprobar si el contenido era lo que figuraba
en el recibo, así era.
Para
mi sorpresa y la de Luis, el oficial abrió la celda y nos entregó nuestras
pertenencias y la bolsa de compras, pero pidió que le dejemos el aceite de
cocina, que le hacía falta. Habré estado 5 minutos agradeciéndole en todos los
idiomas, él se reía y me decía que estaba todo bien, y que tengamos cuidado.
Le
pregunté su nombre, oficial Marcus Miller, no lo voy a olvidar más. Irónicamente,
recibí un mejor trato de un oficial estadounidense nativo, que de uno latino.
-
Vámonos -me dijo Luis, aún dolorido pero recompuesto-, que feo es este lugar.
No
tenía más ganas de estar allí, sería mi travesía más corta, un solo día, pero
ya había visto suficiente. Antes de irme le dije a Luis:
-
Escuchame, tengo plata, para más de un pasaje…
-
¿Qué estás insinuando? -me preguntó curioso.
-
Vení conmigo, vamos a visitar otro lugar, acá no somos muy bienvenidos ¿no te
parece?
-
No lo sé amigo, no quiero aprovecharme…
-
Por favor -insistí-, tengo pensadas muchas aventuras por delante. Y me gustaría
que me acompañes en ellas.
-
Está bien – aceptó Luis-, pero con una condición, quiero saber realmente donde
estaremos.
Por
supuesto que accedí, siempre me guié por mis intenciones personales, ya era
hora de pensar un poco en el otro, además, ahora tendría alguien fijo con quién
hablar.
Lo
más sorprendente, es que finalmente todo resultó distinto; lo que yo creí que
iba a ser la historia de mi viaje a Estados Unidos, terminó siendo la historia
de cómo conocí a mi mejor amigo.
Juan Pablo Malerba

Me gusto mucho la temática del cuento, creo que es una mezcla justa entre la realidad y la ficción. Es una crítica social perfectamente balanceada. El personaje principal me genero empatía y un poco de ansiedad al ser tan "relajado" y que al final se enfocara en la historia de como conoció a su mejor amigo me dejo una sensación de tranquilidad y ahora ¡quiero saber mas de sus aventuras!.
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