Juan Pablo Malerba
Comisión 5
Docente: Santiago Castellano
Cuento basado en los cuentos "El Hombre
Lagarto" y "El Cielo de los Animales"
Acompañado
se vive Mejor
Es un día soleado, pero para Jack, no tanto. Se levanta
de la cama, resopla, se higieniza y se viste. Baja las escaleras, cada paso es
una sacudida que le molesta por dentro, que le moviliza el sistema nervioso,
que lo desestabiliza de su base. Agradecido, llega al final del último escalón
y se dispone a sentarse a desayunar, su madre lo espera.
- ¿Dormiste
bien hijo? -preguntó Lynn en una de sus típicas preguntas de madre. No le
gustaba ver cabizbajo a su hijo, pero le satisfacía saber que estaba dando todo
por garantizarle una buena vida.
- Si ma, me duele un poco el cuerpo, pero estoy
bien.
Jack come,
agradece la comida y se pone de pie para irse al colegio. Saluda a su mamá con un
gesto a lo lejos y se va por la puerta, en dirección a la parada del colectivo.
No le gusta ir a la escuela, pero tiene un amigo que hace muy llevadera la
experiencia.
Su amigo se llama Anthony, tiene la fama de
ser el más mujeriego del curso, reputación de la cual está muy orgulloso, todos
los días se encuentran en la puerta del colegio y sobrellevan la jornada
escolar juntos. A Jack le llama la atención la facilidad que tiene para hablar
con todos, como si conociera a cualquiera con quien hable.
- Es fácil
amigo -suele decir Anthony en un muy relajado tono-, no pienses en cómo vas a
quedar, mejor concéntrate en dejar una buena impresión.
Claro,
para él es muy sencillo, tiene una personalidad que emana extroversión y
simpatía. A Jack le reconforta saber que aún así, lo eligió a él para ser su amigo
cercano, valora mucho su amistad, no es solo un “amigo de secundaria”, sino también
un confidente, la confianza que le tiene es comparable a la de su propia madre,
algo muy valioso en una amistad juvenil; siente que puede contarle lo que sea
sin ser juzgado, incluso sus temas amorosos.
- ¿Qué
importa si el ridículo de Kevin te dejó de hablar? -Anthony es muy empático y
hace que Jack se sienta escuchado-. Él se lo pierde, en muy poco tiempo se va a
dar cuenta de que cometió un error.
- Es que
me molesta que no sea claro, no creo haber hecho nada malo, supongo que
simplemente quería ver qué pasaba -respondió Jack, algo indignado.
- No me
sorprendería, si me preguntas a mí, tiene toda la pinta de hijo de puta.
Jack la
pasaba muy bien con Anthony, podía ser él mismo, aún no se recuperaba mentalmente
de aquel episodio con su padre, evidentemente las heridas psicológicas
cicatrizan más lento que las físicas. Encontrar una figura opuesta en un amigo
era justo lo que necesitaba para ir poco a poco recuperando la confianza y
perder el miedo a relacionarse con hombres, que, al fin y al cabo, es su
interés principal en esta etapa de su vida.
Como todo muchacho
de 18 años con pubertad tardía, Jack atraviesa un fuerte interés por mantener
relaciones sexuales, no le gusta decirlo en voz alta pero así es. Sin embargo,
tiene sentimientos encontrados en cuanto a con quién hacerlo, tiene una heredada
inconsciencia consciente de “que sea con alguien especial”, al menos no un
fulano cualquiera.
Michael es
un chico que le interesa, sabe que es gay, no se esfuerza en esconderlo y,
además, ya ha mantenido conversaciones interesantes con él, todas relacionadas
a cuestiones escolares. Jack está dispuesto a invitarlo a salir, y es lo que
piensa hacer hoy.
- Lo voy a
invitar hoy -le dijo muy ansioso a Anthony-, espero que acepte, no estoy para
soportar otro fracaso amoroso tan pronto.
- Este es
el momento -Anthony es ansioso- anda ahora que está solo.
La
cafetería es un lugar extraño, parece una fiel representación de la sociedad,
dividida en estratos marcados por estereotipos sociales y económicos: Por un
lado tenemos a los inteligentes, si hubiera jerarquías, estos serían los principales,
no son los típicos nerds de las películas, realmente usan sus capacidades para
ganarse popularidad y ser reconocidos por todos; los deportistas son los más
evidentes a la vista, más que personas que realizan deporte, parecen un club
con código de vestimenta, shorts pegados al cuerpo, camisetas claras, las
chicas pelo atado con bandas flúor, son más apariencia que acción; es triste
que haya un grupo reconocidos como los pobres, pero así es, ropa desgastada,
holgada, la comida más barata de la cafetería, pero los más felices con
diferencia; por último el grupo de Jack, los corrientes, ningún rasgo
característico, ninguna diferencia social marcada, un grupo unido, pese a que Jack
solo es cercano a Anthony.
Por su parte se encuentra Michael, está solo, tiene
una vibra anarquista que a Jack le atrae mucho, sobre su mesa descansa un libro
grueso, que lee pacíficamente a través de sus lentes.
- Voy, deséame
suerte -le dijo a Anthony que mostraba una cómplice sonrisa sin dientes.
Jack se dirigió
hacia él, charló durante un largo rato, lo conoció un poco. Averiguó que su
familia sabe de su sexualidad y lo acepta, que tiene un pasado oscuro relacionado
a las drogas y, lo más importante, que está soltero.
- Y… ¿No
te gustaría que esta noche vayamos a cenar juntos? -preguntó tímidamente, pero
con el necesario coraje.
- ¿Tú y
yo? Claro, me parece muy bien -respondió Michael, sonriente y notoriamente
sorprendido.
Al
regresar a su casa, Jack, con un humor renovado, subió corriendo las escaleras
a buscar un conjunto adecuado para la ocasión, deseaba que todo saliera bien, y
tenía mucha fe en que los resultados podían ser positivos. Abrió un cajón, vio
su paquete de preservativos y lo ignoró, no es precisamente alguien optimista, pero,
aun así, era demasiado.
A Lynn le
gusta verlo feliz, pese a no estar muy de acuerdo con que salga con hombres, el
recordar el atroz hecho que atravesó con su hijo con su padre le suma una
paciencia que le permite a Jack vivir su vida como quiere. Siempre y cuando no
descuide las notas.
Jack llegó
al lugar y horario pactado con Michael, un pub nocturno, lleno de jóvenes, un
ambiente cómodo, y con la justa mezcla de informalidad y seriedad, acorde para
la cita. La gran cantidad de mesas repletas aligeraba cualquier tensión que se
pudiera generar, cualquier temor que se pudiera exteriorizar. Charlaron varias
horas, miradas iban y venían, algunos roces subían la temperatura del encuentro,
la estaban pasando bien.
- Oye -soltó
Michael en un tono sugerente-, hoy no hay nadie en mi casa… A lo mejor me quieres
acompañar.
- ¿A tu
casa? -Jack era una mezcla de nervios y ansiedad- ¿Piensas que es una buena
idea?
- ¡Vamos! Será
divertido, lo prometo.
Pasaron
juntos la noche, Jack sintió que había sido ideal, tal como lo imaginó, algo
más rápido tal vez, pero muy disfrutable. Pensó durante toda la noche que por
fin encontraría la tranquilidad, la paz que estaba buscando.
Muy feliz,
Jack volvió a su casa, resplandeciente de alegría, que duraría varias semanas,
y se vería reflejada en todas sus relaciones, tanto con Michael, como con sus
amigos, como con su madre.
Un día,
como cualquier otro, Jack se dispone a bajar las escaleras, pero siente algo
diferente, cada paso que realiza en su descenso lo lastima por dentro, le agita
el sistema nervioso, lo derriba de su base; no se trata de sus dolores de
cuerpo habituales, es algo peor, mucho peor, el malestar es tremendo. Realiza
la mejor disimulación que puede hacer frente a su madre y va al colegio.
Michael llevaba una semana de viaje con su familia, no volvería hasta, mínimo,
dentro de un mes. Jack se encuentra con Anthony y a lo largo del día le va
relatando como se siente y preguntándose qué hacer.
- Hay que
llevarte al hospital amigo -expresó Anthony preocupado a la salida del horario
de clases- no te noto nada bien.
- Voy,
pero solo si me acompañas, no quiero ir solo.
- Por
supuesto amigo mío.
En el
hospital, esperaron un largo rato, la guardia estaba cerca, entraban y salían
ambulancias, pacientes de urgencia, cosas que solo acrecentaban la palpable
tensión y nerviosismo de los dos. Finalmente lo llaman a Jack, pasó al consultorio
médico donde se le hicieron mediciones generales, tomaron su pulso, revisaron
sus reflejos y demás. Lo enviaron a hacerse unos estudios en el mismo hospital,
entre ellos un análisis de sangre. Expectante junto a Anthony, comenzó a conjeturar,
sabía muy bien qué podía ser, Jack es muy realista, pese a estar muerto de
miedo y vergüenza. Atiende al llamado del doctor, que dijo su apellido en un
tono neutral, que no supo cómo interpretar.
- Señor
-el médico clínico sostenía los análisis en su mano-, debo informarle que
padece de VIH, con aparente avance acelerado, recomiendo que inicie
urgentemente un tratamiento con un inmunólogo.
Su mundo
se vino abajo, se vinieron a su cabeza todas las imágenes de la noche con Michael
¿Él lo sabía? ¿Acaso lo engañó? Comenzó a culparse a sí mismo por no sospechar,
por ser irresponsable, por no haber recordado su pasado con las drogas, las
jeringas… Sintió que todo era su culpa, y no quería involucrar a nadie en su
problema, que se buscó él solito, por pensar con la entrepierna y no usar la
cabeza.
Devastado,
Jack salió del consultorio para encontrarse con Anthony en la sala de espera,
no sabía qué hacer ni qué decir ¿Cómo iba a costear un tratamiento de VIH? ¿Qué
pasaría en el colegio? ¿Qué diría su madre? No quería imaginarse qué caos se
armaría si se enterara su padre.
- ¿Y
amigo? ¿Está todo bien? -los ojos de Anthony denotaban evidente inquietud.
- Si si
-alcanzó a soltar Jack-, todo perfecto.
Juan
Pablo Malerba

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