Blog de Juan Pablo Malerba

1 nov 2022

Cuento en base a Relato de Poissant

Juan Pablo Malerba

Comisión 5

Docente: Santiago Castellano

Cuento basado en los cuentos "El Hombre Lagarto" y "El Cielo de los Animales"

 

Acompañado se vive Mejor

 

Es un día soleado, pero para Jack, no tanto. Se levanta de la cama, resopla, se higieniza y se viste. Baja las escaleras, cada paso es una sacudida que le molesta por dentro, que le moviliza el sistema nervioso, que lo desestabiliza de su base. Agradecido, llega al final del último escalón y se dispone a sentarse a desayunar, su madre lo espera.

   - ¿Dormiste bien hijo? -preguntó Lynn en una de sus típicas preguntas de madre. No le gustaba ver cabizbajo a su hijo, pero le satisfacía saber que estaba dando todo por garantizarle una buena vida.

   - Si ma, me duele un poco el cuerpo, pero estoy bien.

   Jack come, agradece la comida y se pone de pie para irse al colegio. Saluda a su mamá con un gesto a lo lejos y se va por la puerta, en dirección a la parada del colectivo. No le gusta ir a la escuela, pero tiene un amigo que hace muy llevadera la experiencia.

   Su amigo se llama Anthony, tiene la fama de ser el más mujeriego del curso, reputación de la cual está muy orgulloso, todos los días se encuentran en la puerta del colegio y sobrellevan la jornada escolar juntos. A Jack le llama la atención la facilidad que tiene para hablar con todos, como si conociera a cualquiera con quien hable.

   - Es fácil amigo -suele decir Anthony en un muy relajado tono-, no pienses en cómo vas a quedar, mejor concéntrate en dejar una buena impresión.

   Claro, para él es muy sencillo, tiene una personalidad que emana extroversión y simpatía. A Jack le reconforta saber que aún así, lo eligió a él para ser su amigo cercano, valora mucho su amistad, no es solo un “amigo de secundaria”, sino también un confidente, la confianza que le tiene es comparable a la de su propia madre, algo muy valioso en una amistad juvenil; siente que puede contarle lo que sea sin ser juzgado, incluso sus temas amorosos.

   - ¿Qué importa si el ridículo de Kevin te dejó de hablar? -Anthony es muy empático y hace que Jack se sienta escuchado-. Él se lo pierde, en muy poco tiempo se va a dar cuenta de que cometió un error.

   - Es que me molesta que no sea claro, no creo haber hecho nada malo, supongo que simplemente quería ver qué pasaba -respondió Jack, algo indignado.

   - No me sorprendería, si me preguntas a mí, tiene toda la pinta de hijo de puta.

   Jack la pasaba muy bien con Anthony, podía ser él mismo, aún no se recuperaba mentalmente de aquel episodio con su padre, evidentemente las heridas psicológicas cicatrizan más lento que las físicas. Encontrar una figura opuesta en un amigo era justo lo que necesitaba para ir poco a poco recuperando la confianza y perder el miedo a relacionarse con hombres, que, al fin y al cabo, es su interés principal en esta etapa de su vida.

   Como todo muchacho de 18 años con pubertad tardía, Jack atraviesa un fuerte interés por mantener relaciones sexuales, no le gusta decirlo en voz alta pero así es. Sin embargo, tiene sentimientos encontrados en cuanto a con quién hacerlo, tiene una heredada inconsciencia consciente de “que sea con alguien especial”, al menos no un fulano cualquiera.

   Michael es un chico que le interesa, sabe que es gay, no se esfuerza en esconderlo y, además, ya ha mantenido conversaciones interesantes con él, todas relacionadas a cuestiones escolares. Jack está dispuesto a invitarlo a salir, y es lo que piensa hacer hoy.

   - Lo voy a invitar hoy -le dijo muy ansioso a Anthony-, espero que acepte, no estoy para soportar otro fracaso amoroso tan pronto.

   - Este es el momento -Anthony es ansioso- anda ahora que está solo.

   La cafetería es un lugar extraño, parece una fiel representación de la sociedad, dividida en estratos marcados por estereotipos sociales y económicos: Por un lado tenemos a los inteligentes, si hubiera jerarquías, estos serían los principales, no son los típicos nerds de las películas, realmente usan sus capacidades para ganarse popularidad y ser reconocidos por todos; los deportistas son los más evidentes a la vista, más que personas que realizan deporte, parecen un club con código de vestimenta, shorts pegados al cuerpo, camisetas claras, las chicas pelo atado con bandas flúor, son más apariencia que acción; es triste que haya un grupo reconocidos como los pobres, pero así es, ropa desgastada, holgada, la comida más barata de la cafetería, pero los más felices con diferencia; por último el grupo de Jack, los corrientes, ningún rasgo característico, ninguna diferencia social marcada, un grupo unido, pese a que Jack solo es cercano a Anthony.

Por su parte se encuentra Michael, está solo, tiene una vibra anarquista que a Jack le atrae mucho, sobre su mesa descansa un libro grueso, que lee pacíficamente a través de sus lentes.

   - Voy, deséame suerte -le dijo a Anthony que mostraba una cómplice sonrisa sin dientes.

   Jack se dirigió hacia él, charló durante un largo rato, lo conoció un poco. Averiguó que su familia sabe de su sexualidad y lo acepta, que tiene un pasado oscuro relacionado a las drogas y, lo más importante, que está soltero.

   - Y… ¿No te gustaría que esta noche vayamos a cenar juntos? -preguntó tímidamente, pero con el necesario coraje.

   - ¿Tú y yo? Claro, me parece muy bien -respondió Michael, sonriente y notoriamente sorprendido.

   Al regresar a su casa, Jack, con un humor renovado, subió corriendo las escaleras a buscar un conjunto adecuado para la ocasión, deseaba que todo saliera bien, y tenía mucha fe en que los resultados podían ser positivos. Abrió un cajón, vio su paquete de preservativos y lo ignoró, no es precisamente alguien optimista, pero, aun así, era demasiado.

   A Lynn le gusta verlo feliz, pese a no estar muy de acuerdo con que salga con hombres, el recordar el atroz hecho que atravesó con su hijo con su padre le suma una paciencia que le permite a Jack vivir su vida como quiere. Siempre y cuando no descuide las notas.

   Jack llegó al lugar y horario pactado con Michael, un pub nocturno, lleno de jóvenes, un ambiente cómodo, y con la justa mezcla de informalidad y seriedad, acorde para la cita. La gran cantidad de mesas repletas aligeraba cualquier tensión que se pudiera generar, cualquier temor que se pudiera exteriorizar. Charlaron varias horas, miradas iban y venían, algunos roces subían la temperatura del encuentro, la estaban pasando bien.

   - Oye -soltó Michael en un tono sugerente-, hoy no hay nadie en mi casa… A lo mejor me quieres acompañar.

   - ¿A tu casa? -Jack era una mezcla de nervios y ansiedad- ¿Piensas que es una buena idea?

   - ¡Vamos! Será divertido, lo prometo.

   Pasaron juntos la noche, Jack sintió que había sido ideal, tal como lo imaginó, algo más rápido tal vez, pero muy disfrutable. Pensó durante toda la noche que por fin encontraría la tranquilidad, la paz que estaba buscando.

   Muy feliz, Jack volvió a su casa, resplandeciente de alegría, que duraría varias semanas, y se vería reflejada en todas sus relaciones, tanto con Michael, como con sus amigos, como con su madre.

   Un día, como cualquier otro, Jack se dispone a bajar las escaleras, pero siente algo diferente, cada paso que realiza en su descenso lo lastima por dentro, le agita el sistema nervioso, lo derriba de su base; no se trata de sus dolores de cuerpo habituales, es algo peor, mucho peor, el malestar es tremendo. Realiza la mejor disimulación que puede hacer frente a su madre y va al colegio. Michael llevaba una semana de viaje con su familia, no volvería hasta, mínimo, dentro de un mes. Jack se encuentra con Anthony y a lo largo del día le va relatando como se siente y preguntándose qué hacer.

   - Hay que llevarte al hospital amigo -expresó Anthony preocupado a la salida del horario de clases- no te noto nada bien.

  

   - Voy, pero solo si me acompañas, no quiero ir solo.

   - Por supuesto amigo mío.

   En el hospital, esperaron un largo rato, la guardia estaba cerca, entraban y salían ambulancias, pacientes de urgencia, cosas que solo acrecentaban la palpable tensión y nerviosismo de los dos. Finalmente lo llaman a Jack, pasó al consultorio médico donde se le hicieron mediciones generales, tomaron su pulso, revisaron sus reflejos y demás. Lo enviaron a hacerse unos estudios en el mismo hospital, entre ellos un análisis de sangre. Expectante junto a Anthony, comenzó a conjeturar, sabía muy bien qué podía ser, Jack es muy realista, pese a estar muerto de miedo y vergüenza. Atiende al llamado del doctor, que dijo su apellido en un tono neutral, que no supo cómo interpretar.

   - Señor -el médico clínico sostenía los análisis en su mano-, debo informarle que padece de VIH, con aparente avance acelerado, recomiendo que inicie urgentemente un tratamiento con un inmunólogo.

   Su mundo se vino abajo, se vinieron a su cabeza todas las imágenes de la noche con Michael ¿Él lo sabía? ¿Acaso lo engañó? Comenzó a culparse a sí mismo por no sospechar, por ser irresponsable, por no haber recordado su pasado con las drogas, las jeringas… Sintió que todo era su culpa, y no quería involucrar a nadie en su problema, que se buscó él solito, por pensar con la entrepierna y no usar la cabeza.

   Devastado, Jack salió del consultorio para encontrarse con Anthony en la sala de espera, no sabía qué hacer ni qué decir ¿Cómo iba a costear un tratamiento de VIH? ¿Qué pasaría en el colegio? ¿Qué diría su madre? No quería imaginarse qué caos se armaría si se enterara su padre.

   - ¿Y amigo? ¿Está todo bien? -los ojos de Anthony denotaban evidente inquietud.

   - Si si -alcanzó a soltar Jack-, todo perfecto.

 

Juan Pablo Malerba


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